Todos los extremos son buenos

por Marcelo Amiano
COO MRM Worldwide Argentina

Cuantas veces hemos dicho aquello de que todos los extremos son malos, pero ¿lo son? Hace un tiempo venimos desarrollando un proyecto para nuestra oficina de Detroit. Empezamos actuando de apaga incendios y tomamos bajo nuestra responsabilidad recuperar, corregir y darle mayor funcionalidad a una herramienta pobremente diseñada por nuestros amigos del norte.

Muchas veces nuestra función fue sacar las papas del fuego y lo logramos. Un proyecto que estaba condenado a desaparecer revivió y logramos colaborar para que sea un buen negocio para todos. Transformamos algo que valía 3 puntos en un rutilante 8 puntos.

¡Pero hasta allí llegamos! Cuando el negocio se transformó en rentable, varios volvieron sus ojos hacia e él y se obstinaron en que sea 10 puntos. Para ello empezaron a “ayudarnos” dando soporte de tecnología a nosotros los “salvadores”.

Entre otros incluyeron a “un experto”, egresado un par de años atrás de una célebre universidad americana. Su visión tecnológica, avanzada y extremista nos arrinconó en la necesidad de diseñar la aplicación y su ambiente de trabajo en un punto cercano a la excelencia (lo que otros llamarían state-of-the-art), casi con una desesperante paranoia por hacer todo perfecto y a la última moda. A su vez, empezó a hacernos “ocupar nuestro tiempo” casi sistemáticamente en intentar explicar por qué entendíamos inconveniente cada una de sus recomendaciones.

De implementar todas sus ideas, el proyecto hubiera vuelto a perder su rentabilidad. Sin embargo, la implementación de varias de sus recomendaciones, las que no pudimos descartar, logró que el proyecto no sucumbiera al ser sacudido durante semanas por una serie de bombardeos de los robots de buscadores que se encadenaron en la tormenta perfecta.

Luego de esta estresante situación que nos tuvo a varios sin dormir por algún tiempo (literalmente hablando), me vi obligado a revisar una de mis teorías, “lo perfecto es enemigo de lo bueno” y llegué a la siguiente conclusión: no estaba mal la visión extremista tecnológica de nuestro amigo americano, esa era su función. Nuestra función era otra: moderar y decidir cuál es el mejor medio entre varios extremos. Ahora me atrevería a decir que “todos los extremos son buenos” si sabemos entender el mensaje que nos envían.

Me pregunto cómo se aplicará esto en otros servicios de los que da MRM, menos relacionados con la complejidad de la tecnología y más con las decisiones de marketing y los resultados de los proyectos. Pero eso será tema para una reflexión más adelante.

¿Ustedes qué opinan? ¿Lo perfecto sigue siendo amigo enemigo de lo bueno? ¿Puede ser recomendable ir al extremo en ciertas cuestiones de marketing digital?

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